El 21 y el 19 de Mayo fueron las fechas elegidas en 1955 y 1956, respectivamente, para la celebración de la Marcha.
Entre los problemas que debían afrontarse estaban, por un lado, los puramente técnicos y de infraestructura pero, por otro, más complicado resultaba solventar las presiones de quienes tildaban de triunfalistas a cuantas personas trabajaban por sacar adelante el proyecto de la Marcha, y de quienes consideraban inútil y una pérdida de energías y tiempo.

La sexta jornada, el 11 de Mayo de 1957, contó con 790 inscritos en el momento de iniciarse la Marcha, por lo que añadiendo los que se iban incorporando por el camino, la cifra de mil seguía siendo la más acorde con el balance de participación.

" Es mi voluntad que me edifiquéis en este sitio un templo en que gusto estar y ser venerada con mi Hijo".
Este fue el mensaje que, según tradición oral, la Santísima Virgen dirigió a la pastora de un caserío cercano cuando se le apareció en fecha que se pierde en la lejanía de los tiempos, aunque los últimos descubrimientos arqueológicos han descubierto, en Itziar, la existencia de un templo gótico, bajo la advocación de la Virgen, allá por el siglo XIII.
La actual iglesia, levantada precisamente sobre el mismo solar donde estuvo la gótica, es digno relicario de la venerada imagen con un soberbio retablo de Andrés de Araoz. Un detalle que ya de origen vincula a este santuario con la feligresía, es el hecho de que el templo   fue   construido   por   los    propios    vecinos,

Es este marco religioso en el que, dentro de la Congregación Mariana de los "Luises Obreros", y para conmemorar ese Año Mariano al que se ha hecho referencia, el Padre Javier Muro S.J., funda y organiza en 1952 lo que desde entonces y hasta nuestros días viene conociéndose como la popular "MARCHA A ITZIAR". Y precisamente a la Virgen de Itziar porque se trataba del año de su coronación canónica.
La elección del mes resultaba lógica: Mayo, el dedicado tradicionalmente a María. El día tenía que ser sábado, por aquello de la festividad siguiente para poder descansar y, dentro del mes, el que estuviera más próximo a la luna llena por razones de mayor claridad.

La primera marcha se realizó el 10 de Mayo de 1952 y la cita para la concentración fue en la calle Andía, entre la iglesia de los PP. Jesuitas y el antiguo edificio de Correos. Después de una sencilla ceremonia religiosa consistente en un acto de consagración a María Inmaculada se partió de la Plaza de Gipuzkoa.

Preguntado sobre las características de la nueva edición y la experiencia alcanzada en las anteriores el P. Javier Muro declara: "Me ha consolado mucho que vengan jóvenes desde Madrid, Canarias, Pamplona, Bilbao, del Alto Gohierri, Ataun, Beasain, Segura, Legazpia... y hasta del mismo Itziar. El maestro y un grupo de baserritarras jatorras formarán parte de la comitiva. Por lo que respecta al tiempo, más de cinco mil personas están pidiendo por esta jornada de Oración y Penitencia que convierten a Itziar en un oasis de juventud" .

En la Marcha del 17 de Mayo de 1958, durante la Santa Misa, oficiada como era costumbre por el P. Muro, el rector del Santuario de Itziar dijo que "era lo mejor que había visto y sentido desde que era sacerdote". Una vez más, el "Agur Jesusen Ama" al que precedió la visita al camarín. Puso fin al piadoso día con el propósito de "no faltar el próximo año"

El año 1962, al día siguiente de la Marcha, en "El Diario Vasco" se podía leer que "la espectacular manifestación de jóvenes y mayores constituyó un gran ejemplo de religiosidad, de fervor mariano y de sacrificio; a pesar de la lluvia, los participantes lo hicieron con un gran espíritu de abnegación, rezando el Santo Rosario y entonando cánticos marianos".

Cuando se cumplían 12 años desde la primera peregrinación, el 18 de Mayo de 1963, el P. Muro seguía respondiendo a las preguntas de los periodistas sobre cómo se le había ocurrido llevar adelante idea tan novedosa: "Pero ¿qué dice Ud. de nueva? Si ya nuestros abuelos hacían todo eso y más, iban de Tolosa a Lezo o a Guadalupe y se volvían tan tranquilos, y el lunes... a cavar la tierra. No era nada nuevo. Lo que se empezó como preparación para festejar el Año Santo Mariano se ha consolidado. Yo creo que todo lo que sea compatible con la fe hay que realizarlo. El joven católico siente mucho el problema religioso; vivimos momentos de enorme trascendencia y el hombre de hoy busca a Dios mucho más de lo que piensa. Pero ha de ser como lo siente él y la Marcha a Itziar les entona maravillosamente... Ustedes ven aquí la salida... pero la llegada es impresionante".


En la edición correspondiente a 1964, la multitudinaria salida tuvo lugar como de costumbre en las proximidades de la Plaza de Gipuzkoa y hasta el hotel Londres estuvo encabezada por el señor Obispo, portando la Cruz guía. ¡Quién ama a María, debe amar a la Iglesia, y quien ama a la Iglesia, debe amar a María!". Estas palabras pronunciadas por el Papa Pablo Vl este mismo año, fueron tarjeta de presentación para los seglares, miembros de la iglesia e hijos de Santa María, que acudían anualmente a presentarse ante la Virgen de Itziar.

Eran las ocho y media de la tarde cuando los más de cuatrocientos jóvenes que acudieron a la singular convocatoria, provistos de la medalla de la Virgen con cinta blanca y azul que se les distribuyó, iniciaron su andadura por lo que el P. Muro denominó "Autopista de la Fe".

contando con la contribución económica de los propios Reyes Católicos y de guipuzcoanos tan ilustres como Juan Sebastián Elcano, que donó cuarenta escudos de oro para un mayor esplendor del Santuario.

En 1950, el Papa Pío XII proclama el Dogma de la Asunción de María y el 1954 se declara "Año Santo Mariano".

Cabe reseñar que en Guipúzcoa, tierra eminentemente mariana desde épocas remotas, a la sazón existían trece santuarios, cuarenta y seis parroquias titulares, cuarenta y cuatro ermitas e innumerables institutos bajo cuya advocación se encontraba la Virgen María.
Eran, por tanto, tiempos de gran devoción mariana y San Sebastián vivía con gran intensidad este fervor en torno a sus Vírgenes más queridas y populares.
Abría la marcha el guía mayor de los "Luises Obreros" llevando una Cruz Blanca , "Pax Christi", bendecida por el señor Obispo, don Jaime Font y Andreu.

Con la idea muchas veces expresada por el P. Muro, en el sentido de que quería "hombres que rezaran llevando la Cruz como penitencia", la segunda marcha a Itziar, la de 1953, se esperaba con más entusiasmo, si era posible, que la primera. El P. Muro se sentía satisfecho de la labor desarrollada. "Mucho fue lo logrado -decía en "El Diario Vasco"- y nunca me he sentido mejor que cuando en pleno descampado el profundo murmullo de los penitentes se elevaba en preces hacia la bondadosa Virgen de Itziar que allí, en su Santuario, como primer escalón en el viaje hacia el Cielo, no podía menos de sentirse agradecida y al mismo tiempo embajadora de tan emocionante petición por la paz del mundo".
Fue un 23 de Mayo cuando después del "Te Deum" cantado en la iglesia de los PP. Jesuitas, salía la nueva versión de la peregrinación al son de la "Marcha de S. Ignacio" interpretada por la banda de txistularis: unos quinientos jóvenes "formando la legión espiritual". Al mismo tiempo el obispo de la Diócesis hacía entrega al Prefecto de Piedad de los Luises, señor Fernández -Anduaga, de la simbólica Cruz Blanca "Pax Christi".

El año 1969 fue trascendental para la supervivencia de la Marcha. Al final de la década había gran presión para eliminar toda demostración externa de fervor religioso, argumentándose que se trataba de un exagerado triunfalismo no acorde a los tiempos. Así, se suprimieron desfiles procesionales y otros actos religiosos que durante el año se programaban en la ciudad. Respondiendo al citado ambiente, los jóvenes se negaron a organizar la tradicional Marcha que, aunque fue realizada de forma particular por algunas personas, conoció un paréntesis que la condujo hacia una nueva etapa.
La supresión de la Marcha a Itziar dejó huérfanos de una importante demostración religiosa a muchos jóvenes que veían en ella, precisamente, una forma positiva de demostrar tanto su fe como su amor hacia la Virgen.
Fue por ello que, a pesar de las dificultades ambientales, no aceptaron el renunciar a su organización y tras diversas reuniones y consultas, llegaron a formar una nueva Comisión que se hiciera cargo del evento. Lo más inmediato era encontrar un sacerdote dispuesto a emprender la organización y ése fue el carmelita P. Jokin Mitxelena y la Comisión quedó formada por el P. Eceiza, Isidoro Calvete, Paco Tovar, Javier y Joaquín Azanza, Joaquín torrecillas, Roberto Berenas, José Luis Eraso... y algunos jóvenes procedentes del Centro parroquial Kresala, vinculado a S. Vicente: José Ignacio Ansorena, Xavier Otaegui, Txus Alonso etc. El compromiso fue preparar la marcha correspondiente al año 1970.

Las charlas impartidas por Jokin Mitxelena, Emeterio Sorazu, Angel Miranda y José Agustín Arrieta se acompañaban, en ocasiones, con retransmisiones como las ofrecidas en 1993. Este año desde el coche que marchaba junto a la comitiva se llevó a todos los participantes el contenido de una mes redonda que trataba sobre "nuestras ganas, luchas y dificultades para la solidaridad y la fraternidad".

A falta de un lustro para celebrar su cincuenta aniversario, la Marcha a Itziar había conseguido que los apenas cuatrocientos participantes casi rescatados de un período de crisis ya superaban los mil quinientos. Mil quinientos que, curiosamente, el año dos mil llegaron a ser dos mil,  siendo  mujeres  aproximadamente  la  mitad.

En 1997 se constata que "hace tiempo, al atravesar Zarautz hacia la una de la madrugada, se escuchaban burlas e insultos. Ahora, hasta a nosotros mismos nos sorprende el silencio, el respeto con que nos contemplan al pasar. Es como si comprendieran que hay algo intenso que nos mueve".

En el año 2000, será el propio señor Obispo de la Diócesis, Juan María Uriarte, quien lleve la Cruz en el último tramo del recorrido, siendo así mismo quien celebre la Eucaristía en el Santuario de Itziar.
ANÉCDOTAS

· Ya en la primera Marcha, a la llegada de Orio, en torno a la 1 de la madrugada pues se había cenado en Igeldo después de haber sido recibidos por el párroco y una amplia representación del vecindario, se vivió un momento de gran emotividad cuando todos los participantes rezaron varios responsos por las víctimas del "Virgen Carmeli", pequeño vapor oriotarra naufragado pocos días antes en la misma barra del puerto. La escena fue espectacular. El pueblo estaba alumbrado y a la entrada del mismo esperaban los viejos marinos que acompañaron a los expedicionarios hasta el puente.
La llegada a las cercanías del Santuario se produjo con dos horas de adelante sobre el horario previsto, lo que motivó el tener que acampar en las proximidades pues hasta las ocho y media no estaba convocado el vecindario para el correspondiente recibimiento. La subida final se emprendió a las ocho y veinte.

· Apenas habían transcurrido tres meses de la primera Marcha, cuando el secretario de las Congregaciones Marianas de Roma presentó al Santo Padre unas ampliaciones fotográficas realizadas por Juan Aygües. El Papa quedó muy impresionado de la hazaña realizada por aquellos cientos de jóvenes y bendijo ampliamente la idea.

· El año 1954 fue novedad la solicitud de participación a quienes pudieran disponer de motos y bicicletas para que, llevando el banderín de la Virgen, y todos vestidos de blanco, encabezaran la comitiva hasta los jardines de Ondarreta.

· No debe obviarse en esta edicicón una nota no solo simpática sino también demostrativa del entusiasmo con que jóvenes y menos jóvenes se sumaban a la Marcha: se trata de recordar la participación de Luis Moragay, vecino del barrio de Amara que, obligado a caminar con muletas por la falta de una de sus piernas, se sumó a la comitiva cubriendo los casi cincuenta Kms. del recorrido a pesar del gran esfuerzo físico que tal hazaña le suponía. El comentaba convenido "Estoy seguro de llegar; todo consiste en un duro entrenamiento y un corazón tan grande como todo el barrio de Amara " o "Si no llego, no entro más a Donosita". Y llegó.

· Por los años de 1955-1956 llamaba la atención de todos un peregrino que con sus 72 años y vestido poco menos que de paseo, con gabardina, corbata y zapatos de calle, hacía el recorrido en solitario y por carretera.

· Eran años en los que se producían anécdotas de gran jocosidad y otras de enorme tristeza como fue, por ejemplo, la de aquel camillero de la Cruz Roja que en 1958, a pesar de las advertencias que se le hicieron, quiso hacer el recorrido en muy malas condiciones de salud. Entre Getaria y Zumaia los médicos le recomendaron cesara en su empeño y el no hacerlo le costó la vida. Desde entonces, en el alto de Askizu hay una cruz blanca con una cruz roja junto a la que se detiene la Marcha para junto a ella, sobre las dos y media de la madrugada, dedicar una oración a la memoria "de aquel camillero".

· La noche de 1960 fue de enorme prueba, se dijo que fue la más dura de cuantas se habían celebrado hasta entonces. Y buena prueba de ello fueron los auténticos estigmas del dolor sentido, reflejado en los pies cansinos y ensangrentados, prueba de la intensidad de la contrición y auténtica solidaridad pidiendo Por la Paz y la Unión de todas las personas. La llegada a Itziar se hizo, portando, durante el Calvario final, enormes cruces de troncos de pino del Andutz.

· En Lourdes-Txiki se produjo un desgraciado suceso: el turismo Citroen , matrícula SS-45.166 envistió violentamente, de forma inexplicable, contra el pelotón de cabeza de la marcha, causando heridas graves a varios de los jóvenes que debieron ser trasladados a la Cruz Roja. Por fortuna y sin duda por la intercesión de la Madre a la que se iba a venerar, todos los heridos fueron mejorando de forma paulatina sin tener que registrar desgracias mayores.

· Un caso singular a tener en cuenta, en 1983, fue el del donostiarra Isidoro Calvete que con 75 años de edad seguía haciendo todo el recorrido. Además de ser uno de los más entusiastas, figuraba siempre en primera línea y sabía contagiar entusiasmo a cuantos por cansancio podían llegar a sentir desfallecimiento. En 1987, contando 78 años y con 27 marchas a su espalda Isidoro, arrancó con la Cruz en Ondarreta y la depositó en Itziar sin desprenderse de ella en ningún momento. Falleció a la edad de 80 años.